Ethan Mollick examina una paradoja preocupante: a pesar de que los horizontes de planificación abarcan una década, pocas organizaciones tienen seriamente en cuenta la posibilidad de una mejora continua de la IA en sus estrategias. Esta omisión resulta aún más sorprendente dado que los expertos discrepan sobre el futuro de la IA: algunos predicen un crecimiento exponencial inminente, mientras que otros sostienen que los grandes modelos de lenguaje han alcanzado sus límites.

El autor subraya que, incluso sin nuevos avances tecnológicos, la IA perturbaría significativamente a las organizaciones durante los próximos años. Los sistemas de IA requieren una mejor integración, mientras que una detención completa del desarrollo parece improbable. Los impactos actuales —automatización profesional, campañas de phishing dirigidas, cambios pedagógicos— exigen atención inmediata.

Mollick traza un paralelismo instructivo con la Ley de Moore, mostrando cómo las expectativas tecnológicas se convierten en objetivos motivadores, generando profecías autocumplidas. Los líderes de la IA anuncian plazos ambiciosos (2027, cinco años), aunque las opiniones divergen. Una encuesta de 2023 a científicos informáticos situó la fecha media esperada para la AGI en 2047, con una probabilidad del diez por ciento antes de 2027.

Tres obstáculos principales explican la inacción de las organizaciones. Primero, los debates distópicos sobre la superinteligencia parecen imposibles de planificar. Segundo, la sorprendente ausencia de documentación clara para no especialistas perpetúa el desconocimiento de las capacidades actuales. Funcionalidades impresionantes permanecen ocultas tras interfaces poco intuitivas o consejos poco conocidos.

Tercero, la naturaleza fragmentaria del progreso de la IA —excelente en algunos ámbitos, decepcionante en otros— facilita minimizar sus capacidades reales. Mollick ilustra esta tendencia citando a críticos que, si bien reconocen logros notables, niegan su significado transformador.

El autor propone abandonar esta parálisis provocada por la incertidumbre. En lugar de elegir una única visión del futuro, las organizaciones deberían planificar varios escenarios posibles: estancamiento técnico, crecimiento lineal, crecimiento exponencial o AGI. Recomienda la planificación por escenarios, un proceso que, según demuestra, se ve facilitado por las herramientas de IA modernas.

En conclusión, Mollick defiende reconocer el cambio inevitable y tomar activamente el control de su dirección. La incertidumbre sobre el plazo exacto no justifica la inacción. Las organizaciones deben comenzar ya a considerar futuros radicalmente distintos y adaptar sus estrategias en consecuencia.