Simon Wardley responde, en forma de un diálogo socrático ficticio, a la pregunta de si los LLM y el vibe coding conducirán a más o menos desarrolladores. Su respuesta es matizada: probablemente un número similar, debido al efecto Reina Roja. A medida que las empresas compiten entre sí, cualquier ganancia de productividad se reinvertirá de inmediato para mantenerse competitivas. Concretamente, una gran empresa pasará de 30 millones a más de mil millones de líneas de código, simplemente para mantener su posición.
Wardley recurre a la paradoja de Jevons como marco explicativo: cuando un recurso se vuelve más eficiente, su consumo aumenta en lugar de disminuir. El vibe coding abarata la producción de código, lo que desencadenará una explosión en el volumen de software producido, no una reducción de plantilla.
La analogía histórica central es la de los sysadmins. Cuando la virtualización volvió obsoleto el montaje físico de servidores en racks, los sysadmins no desaparecieron. Se transformaron en DevOps Engineers y SRE, adquiriendo nuevas competencias: chaos engineering, despliegue continuo, sistemas distribuidos. Del mismo modo, los desarrolladores no desaparecerán, sino que evolucionarán hacia roles de gestión de "packs de agentes", tomando decisiones estructurales y manteniendo una cadena de comprensión a través de sistemas cada vez más complejos.
Wardley afirma que leer código ya es insostenible y que la ingeniería de software debe transformarse de un oficio artesanal en una disciplina de ingeniería para desarrollar mejores métodos de comprensión sistémica. El título "software engineer" probablemente desaparecerá — no porque el rol se esfume, sino porque demasiados ejecutivos han declarado públicamente que estos perfiles ya no son necesarios y no querrán perder la cara. Surgirán nuevos títulos: "Human-AI system integrator", "AI Wrangler", "Agentic Herder".
El remate del diálogo es mordaz. Wardley presenta a "Alice", la desarrolladora despedida por consejo de un "thought leader". Alice pronto será recontratada, más cara, bajo un nuevo título. El cortoplacismo gerencial —despedir personal para impulsar las stock options y luego saltar del barco antes de que lleguen las consecuencias— se señala como el verdadero problema. Wardley recomienda la recualificación en lugar de los despidos, aunque predice con cinismo que las empresas no tomarán ese camino.