Nicolas Martignole publica en Le Touilleur Express « The Token Manifesto », un breve texto satírico coescrito con dos modelos (GLM-5.2 y MiniMax-M3). El mecanismo es claro: tomar la estructura exacta del Manifeste Agile de 2001 —su preámbulo, sus cuatro valores en forma "X sobre Y", sus doce principios— y trasladarla al mundo de los LLM, donde la unidad de cuenta ya no es la hora-ingeniero sino el token. El preámbulo marca el tono: "Estamos descubriendo mejores formas de consumir contexto haciéndolo… A través del trabajo de producir tokens, borrar tokens y mirar nerviosamente una barra de uso, hemos llegado a valorar…".
Los cuatro valores esbozan una estética del prompt frugal: system prompts breves frente a system prompts ingeniosos; un ejemplo claro frente a tres párrafos de explicación; iterar en pequeños pasos frente a volcar toda la especificación de una vez; producir en un formato definido frente a dejar que el modelo improvise libremente. Cada uno enfrenta una práctica económica (concisión, ejemplo, iteración, formato restringido) a una tentación costosa (sofisticación, verbosidad, una especificación masiva, una respuesta sin restricciones).
la simplicidad, el arte de maximizar la cantidad de trabajo **que el modelo no hace**
Los doce principios subvierten uno a uno los del Agile. La prioridad pasa a ser entregar "la respuesta, no el ascenso hacia la respuesta"; el manifiesto "da la bienvenida a los requisitos cambiantes, incluso avanzada la conversación"; se construye "en torno a individuos motivados con una ventana de contexto adecuada"; "los prompts que funcionan miden el progreso y acreditan las facturas." El principio más citado invierte el famoso décimo de Agile: "La simplicidad: el arte de maximizar la cantidad de trabajo que el modelo no hace". Otros apuntan a la deuda de contexto ("detectar la repetición y documentarla una sola vez") y a la sostenibilidad económica ("un ritmo de prompting que pueda mantenerse indefinidamente", "una reflexión periódica antes de que lleguen las facturas mensuales").
Dos frases finales cierran el manifiesto y sostienen su tesis seria bajo el humor: « No tienes un problema de prompt. Tienes un problema de ventana de contexto. » —que desplaza la atención del prompt engineering hacia la economía de la ventana de contexto— y « Todo el mundo es prompt engineer hasta que se le acaba la cuota mensual. » —un recordatorio irónico de que la habilidad real se mide en el medidor de uso.
Más allá de la broma, el texto cristaliza un cambio cultural: en la era del desarrollo asistido por IA, la restricción estructurante ya no es la velocidad (la obsesión de Agile) sino el presupuesto de tokens y la gestión del contexto. La coautoría humano-más-modelos actúa como una firma meta: un alegato a favor de la frugalidad de tokens, escrito con la ayuda de los mismos modelos a los que enseña a ahorrar.