Martin Harrison y Natasha Maniar, de McKinsey, presentan una visión de la transformación del desarrollo de software en la era de la IA, argumentando que el modelo Agile tradicional debe evolucionar. A pesar de las espectaculares ganancias de productividad individual obtenidas mediante agentes de codificación, muchas grandes empresas se estancan en una mejora global de tan solo un 5 a un 15%. Esta brecha se explica por la aparición de nuevos cuellos de botella: la revisión manual de código, que ya no sigue el ritmo de la velocidad de generación, una colaboración humana poco adaptada al nuevo ritmo, y una mayor complejidad técnica.

Para desbloquear el valor, McKinsey identifica entre los "Top Performers" una transición hacia flujos de trabajo y roles "AI Native": 1. De las "User Stories" a las "Specs": en lugar de iterar sobre descripciones textuales vagas, los equipos pasan al "Spec-driven development", en el que los Product Managers (PM) y los desarrolladores iteran con los agentes sobre especificaciones técnicas precisas, generando a veces prototipos directamente. 2. Reorganización de los equipos: el modelo estándar de equipo Agile (8-10 personas) da paso a "pods" más pequeños y autónomos (3-5 personas, "One pizza teams"). Los roles se consolidan: menos especialización rígida (QA, Frontend, Backend separados) y más perfiles "full-stack" que orquestan agentes. 3. Planificación continua: la IA permite ciclos de planificación más cortos (de trimestral a continuo) y una adaptación de la hoja de ruta en tiempo real.

Presentan un caso de estudio de un banco internacional que reorganizó sus equipos en torno a flujos de trabajo específicos (corrección de errores frente a desarrollo desde cero) y utilizó agentes para la asignación de tareas y la verificación de cumplimiento, lo que resultó en un aumento del 51% en las fusiones de código.

La charla pone un fuerte énfasis en la gestión del cambio. La tecnología por sí sola no basta; el 70% de las empresas aún no ha adaptado sus descripciones de puesto. El éxito depende de un enfoque holístico que incluya la formación ("upskilling"), la redefinición de los incentivos (certificaciones, planes de carrera) y una medición rigurosa del impacto (más allá de la simple adopción, considerando la velocidad de entrega, la calidad y los resultados de negocio). El futuro pertenece a las organizaciones capaces de "reconectar" ("rewiring") su modelo operativo para lograr una colaboración simbiótica entre humanos y agentes.