Chris Williams abre su serie de siete partes sobre el ADLC (Agentic Development Lifecycle) con una tesis disruptiva: aplicar el ciclo de vida tradicional de desarrollo de software (SDLC) a agentes de IA es un error de categoría. El SDLC se fue moldeando a lo largo de décadas para contrarrestar modos de fallo específicamente humanos —el ego que rechaza la crítica, la fatiga que multiplica los errores, el olvido que pierde el contexto—. Estas defensas resultan inútiles, incluso contraproducentes, frente a un modelo cuyo perfil de fallo es completamente distinto.

De esta constatación se desprende el principio fundacional de toda la serie: cada fase, cada gate y cada bucle de un ciclo agéntico debe remontarse a un modo de fallo específico del modelo contra el que se defiende, o a una propiedad específica del modelo que explota. Ningún ritual heredado sin justificación trazable.

Williams cataloga a continuación ocho modos de fallo estructurales. F1, satisfacción prematura: el modelo declara la victoria sobre una implementación mínima plagada de datos codificados de forma rígida (hardcoded). F2, servilismo (sycophancy): asiente incluso cuando se equivoca, lo que vuelve inútil la autorrevisión. F3, degradación del contexto (context rot): su criterio se deteriora a medida que se llena la ventana y se ancla en sus propias salidas anteriores. F4, alucinación con aplomo: APIs inventadas presentadas con seguridad. F5, manipulación de la recompensa (reward hacking): eliminar tests que fallan, debilitar aserciones. F6, sesgo del recuento de hallazgos: las revisiones convergen en 10-20 hallazgos con independencia del número real de problemas. F7, hinchazón generativa: código verboso y duplicado que se acumula sesión tras sesión. F8, pérdida de coherencia: distintos modelos producen incoherencias de estilo y de arquitectura.

El giro decisivo: algunos de estos rasgos se convierten en fortalezas explotables (E1-E5). La diversidad de muestreo ofrece una programación N-version gratuita; el servilismo se vuelve útil cuando el agente tiene el mandato de refutar en lugar de validar; la ausencia de ego permite revisiones brutales e iteraciones desechables; los contextos nuevos aportan una revisión no contaminada; el coste de la exploración tiende a cero en comparación con el tiempo humano.

El ciclo resultante separa al creador del crítico, dimensiona las tareas a una ventana de contexto utilizable, exige una prueba determinista entre fases, congela criterios de aceptación inamovibles, itera las revisiones con contextos nuevos y regenera en lugar de guiar (coach). Williams advierte: los equipos que concluyen que "los agentes no funcionan" simplemente han aplicado un proceso humano a un perfil no humano.