El artículo de David Perrin establece un puente notable entre los debates filosóficos medievales sobre la naturaleza de la inteligencia y las cuestiones contemporáneas planteadas por la inteligencia artificial. El autor explora cómo las indagaciones del siglo XIII relativas a la teoría averroísta del monopsiquismo resuenan con nuestras preocupaciones actuales sobre las tecnologías digitales.

El monopsiquismo, defendido por el filósofo árabe Averroès, postulaba la existencia de un intelecto universal único al que los individuos se conectarían temporalmente para pensar. Esta concepción, vigorosamente refutada por Thomas d'Aquin, quien defendía la individualidad del intelecto humano, plantea cuestiones sorprendentemente similares a las que suscitan los sistemas modernos de IA: cuando utilizamos herramientas digitales para "pensar", ¿estamos ejerciendo realmente nuestra propia inteligencia, o simplemente nos conectamos a una inteligencia externa?

El artículo se apoya en el pensamiento de Michel Serres para analizar estos paralelismos. Las tecnologías contemporáneas, al externalizar ciertas funciones cognitivas, crean una forma de intelecto colectivo o distribuido que recuerda al concepto averroísta. Sin embargo, esta "conexión" conlleva riesgos filosóficos y políticos considerables que los pensadores medievales no podían haber anticipado.

David Perrin advierte contra una posible "subyugación intelectual" facilitada por las plataformas tecnológicas. A diferencia del intelecto separado de Averroès, que seguía siendo un concepto filosófico abstracto, los sistemas de IA actuales están controlados por empresas que recopilan masivamente datos de los usuarios y los explotan con fines comerciales. Esta asimetría de poder crea una dependencia cognitiva en la que los individuos delegan progresivamente su capacidad de reflexión en sistemas externos.

El autor subraya que esta externalización cognitiva no es neutra: altera nuestra relación con el conocimiento y la verdad. Los algoritmos que median nuestro acceso a la información moldean nuestra percepción del mundo, creando "burbujas informativas" que pueden restringir la autonomía intelectual que Thomas d'Aquin consideraba fundamental para la dignidad humana.

El texto examina también la dimensión política de estas tecnologías. Las empresas tecnológicas ejercen un poder considerable sobre los procesos cognitivos colectivos, concentrando en pocas manos la capacidad de orientar el pensamiento de millones de usuarios. Esta centralización recuerda el peligro identificado por los críticos medievales del monopsiquismo: si el intelecto no es propiamente individual, ¿qué ocurre con la responsabilidad moral y la capacidad de acción personal?

En conclusión, David Perrin llama a la vigilancia crítica frente a las tecnologías digitales. Aboga por preservar la autonomía intelectual individual, reconociendo al mismo tiempo el potencial de las herramientas tecnológicas. La lección de los debates medievales sigue siendo pertinente: preservar la capacidad humana de pensar por uno mismo constituye un desafío filosófico, ético y político fundamental, quizás incluso más crucial en la era de la IA que en la época de Averroès y Thomas d'Aquin.